En los años ochenta, un especialista argentino en informática educativa sostenía que no era tan prioritario equipar a las escuelas con computadoras como capacitar a los docentes en su uso. La lúcida idea de no poner el carro delante del caballo fue desatendida y se instalaron los "gabinetes de computación", que las más de las veces derivaron en frustraciones. Pues, como dice Silvia Bacher, en la escuela "usar la computadora puede resultar una odisea". En aquellos años, era otra pantalla la que perturbaba el sueño de los docentes: la escuela enfrentaba el cuco de la televisión.
Luego de tres décadas, se vive un presente donde niños y jóvenes, señala la especialista, "se desplazan por múltiples pantallas que los invitan a adoptar supuestos dispositivos de participación".
Pero también están los chicos con nulo o escaso acceso a las tecnologías digitales, que "viven alejados de mundos virtuales en los cuales encontrar oportunidades de desarrollo". Éste es el nudo de la polémica exploración de la autora por los dilemas de la educación actual, marcada por la diferencia entre ricos y pobres, y desde donde hace sus propuestas.
Pone abiertamente en duda que la introducción de las tecnologías digitales sea una solución por sí misma mientras no ...