Los sellos independientes en Argentina
Categoría: Análisis, Notas
En un país que exporta más discos de los que importa, las discográficas pequeñas o medianas, marcadas por su independencia con respecto a las compañías mainstream, editan toda esa música que no se escucha en las radios.
La nota de Leonardo Tarifeño, para adnCultura.
La tendencia es mundial y se consagró definitivamente en 1998 con el exitazo de Buena Vista Social Club , disco ganador de un Grammy, tema de un emocionante documental filmado por Wim Wenders y fenómeno global que vendió más de 10 millones de copias en todo el planeta. Y es que una de las novedades más espectaculares de ese triunfo fue la aparición en escena de World Circuit, sello independiente que había editado el CD, creado a mediados de los años 80 por el productor inglés Nick Gold, hombre clave en el descubrimiento de los extraordinarios Orchestre Baobab (Senegal), Radio Tarifa (España-Francia) y los malienses Ali Farka Touré y Oumou Sangaré, entre otros artistas que formarían parte del extenso catálogo de WC. El impulso de Buena Vista… arrastró a un proyecto hermano -Afro Cuban All Stars, liderado por Juan de Marcos-, consolidó la difusión de los artistas del sello y demostró que el costado alternativo de la industria podía alcanzar cifras de venta hasta entonces exclusivas de las compañías consideradas majors , como EMI, Sony o BMG. Nick Gold, el guitarrista y productor Ry Cooder y los eternos viejitos de Buena Vista Social Club abrieron una puerta. El desarrollo de Internet y las nuevas tecnologías revolucionaron el mercado e hicieron el resto.
Ese “resto” es una cultura basada en la independencia económica, que funciona como garantía de la libertad creativa de los artistas. Hoy, el gesto inaugurado hace ya diez años por World Circuit se ha convertido en una ola fundamental en la industria de la música, con grandes representantes en todo el mundo, de Trama (Brasil) y Corasón, Zafra y Noiselab (México) a Putumayo, Matador, Six Degrees y Luaka Bop (Estados Unidos), Real World (Inglaterra), Crammed (Bélgica) y Essay Recordings (Alemania), pasando por los locales Acqua Records, Bau, Random, Ultrapop y Los Años Luz, entre muchísimos otros. Su importancia es tal que se los podría considerar las auténticas plataformas de lanzamiento de la música popular más atrevida e innovadora que se hace aquí, allá y en todas partes. Amparados por la divulgación y comercialización instantánea que permite Internet, estos sellos se permiten descubrir nuevos talentos, invertir (mucho) tiempo y (poco) dinero en sus artistas, y consolidar su desarrollo dentro de un nicho de público interesado, como bien manda la teoría económica de la Long Tail , por la cual el mejor negocio de nuestra época se basa en diversificar la oferta y venderle poco a muchos. Toda una estrategia comercial paciente y aceitada, en las antípodas de la que llevan adelante las compañías mainstream (más preocupadas por encontrar hits masivos e intercambiables), que consiguió su espacio propio en el mercado mundial y no para de crecer.
En Argentina, el boom surca todo tipo de música, y sus orígenes pueden rastrearse en los años 60 y 70, con el surgimiento de los pioneros Music Hall y Melopea. No pocos de quienes integran esta movida independiente vienen de aquella época, como Fernando Falcoff, ex productor de Arco Iris y descubridor de Alejandro Lerner, que actualmente dirige el sello Suramusic (www.suramusic.com.ar) junto a su hijo, Nicolás. Suramusic editó en la Argentina Bonito que canta y Carmelina de las colombianas Petrona Martínez y Totó la Momposina, el extraordinario Brincadeira de los brasileños Chico César y Zezo Ribeiro, y las compilaciones Arabic dance y A Bush no le va a gustar , entre otros discos. Desde fines de 2001 editan una docena de CD por año y la idea consiste en “poner buena música en el mercado, en general aquella que las compañías mainstream dejan de lado”, en palabras de Nicolás; “son otras músicas, expresiones contemporáneas que no llegarían a otros países si no fuera por el trabajo de sellos independientes como el nuestro, que apuestan a sonidos de gran calidad pero que se difunden sobre todo por circuitos no tradicionales”.
Para Falcoff, el mayor obstáculo que enfrenta Suramusic es “la difusión. Casi no hay programas radiales que difundan música editada por sellos independientes, y si lo hacen se circunscriben a géneros más convencionales, como el rock, el pop o la balada. Y las disquerías grandes no se toman el trabajo de poner estos discos en sus tiendas. Pero cuando una disquería hace eso -hablo de las más pequeñas-, el resultado es automático: la gente entra y compra el disco. Eso prueba que hay un público para las otras músicas”.
Diego Zapico, de Acqua Records (www.acqua-records.com), coincide con el diagnóstico de Falcoff, y agrega que “en la Argentina se ha dado, también, que el consumidor perdió el hábito de ir a una disquería, y eso que el disco es uno de los productos culturales más baratos y accesibles. Las disquerías que integran el imaginario del consumidor medio son superficies enormes, invadidas por televisores y demás electrodomésticos, en los que el CD es un artículo casi perdido. Por eso, cuando el catálogo de un sello se convierte en una identidad, el consumidor va directo a ver qué hay de nuevo en ese catálogo, como antes iba a una disquería a ver qué había de nuevo en sus bateas”. Fundada en 1997, Acqua es una referencia en música de calidad, sin necesidad de atarse a un género específico. Algunos de sus imperdibles son Made by Maceo , del ex JB (saxofonista de James Brown) Maceo Parker, la notable compilación Tutto Fellini , el tango renovador de Mosalini-Baytelmann-Caratini en Violento y gran parte de la obra reciente de Raúl Carnota. “La buena música siempre tiene su público, ese nunca ha sido el problema”, apunta Fernando Laviz, socio de Zapico en Acqua; “y, en la Argentina, el enemigo del disco no es la descarga gratuita de la Internet, sino las políticas oficiales. Aquí, por cada disquería grande que cerró tras la crisis de 2001, desaparecieron cinco de las pequeñas, que cultivaban un público melómano, comprador de discos. Así que para el sello independiente, mediano o chico, lo que queda es construir un catálogo que de alguna manera forme la identidad de un grupo más o menos grande de gente, llevar ese trabajo a un circuito alternativo, y pelear la difusión en los medios gráficos o en conciertos de los grupos del catálogo, que en general van a pérdida”.
La extraordinaria diversidad de los sellos independientes argentinos alcanza al jazz (BAU, sigla de Buenos Aires Underground), la world music (Suramusic), la música brasileña (Random), el tango y la música popular argentina (MDR), el pop alternativo (Los Años Luz) y el rock indie local o extranjero (Ultrapop, Estamos Felices). En realidad, son empresas de instinto inclasificable, ya que Ultrapop es capaz de editar Racional , de Tim Maia, junto a Jukebox de Cat Power, y Random lanza No promises de Carla Bruni en un catálogo donde también brillan Irakere, Rita Ribeiro y Gilberto Gil. La unidad no parecen darla tanto los estilos o los géneros como la calidad, el buen gusto y el pulso para presentar a intérpretes que pueden ser muy distintos entre sí, pero a quienes los enlaza un verdadero peso en el horizonte musical de hoy. “Yo saco 4 o 5 discos por año, pero cualquiera que busca un disco de mi sello sabe que no se va a decepcionar” apunta Martín Mercado, alma de la miniempresa Estamos Felices, que dirige junto a su novia y un amigo. Estamos Felices dio a conocer a Juan Stewart, Bicicletas y Coiffeur, y con semejantes aciertos brilla con luz propia en el panorama independiente local. “A las dos semanas de haber sacado un disco, pongo todo en Soulseek”, agrega Mercado; “porque todo es difusión. Internet no es una enemiga de la compañía discográfica, sino una aliada. La difusión via Web es un aporte cultural que pueden hacer los sellos más pequeños, como Estamos Felices, porque si se debe luchar contra algo, no es contra esa ola. Por ejemplo, si el disco es cultura, como dice el eslogan, ¿entonces por qué una discográfica tiene que pagar el 21% en concepto de IVA? Habría que buscar una Ley de Mecenazgo, como tienen en Brasil. Eso ayudaría para que haya más música, más discográficas y más artistas independientes pero con apoyo del Estado”.
Como para Martín, Gustavo Kisnovsky, de Ultrapop, también dice que aún faltan muchas cosas por hacer, aunque para él nunca hubo una época tan propicia para las discográficas independientes. “Problemas para difundir la buena música siempre hubo, pero hoy en las radios se fijan en lo que editan los sellos pequeños o medianos, y a no pocos los pasan. Lo mismo ocurre en los medios gráficos; una reseña siempre cae”, dice. En su opinión, lo que de veras falta es “más mercado. Cuando, en un medio, un periodista ataca a un grupo determinado, el que edita a ese grupo no se debería ofender, porque está generando más mercado. Tiene que haber más gente involucrada con la música, más grupos, más discográficas. Porque público, disquerías e interés nunca ha dejado de haber. Casi diría que eso es lo que define al mercado de la música en la Argentina”. Con el trabajo de las independientes, ese mercado parece empezar a abrirse. Su impacto cultural es invalorable. Y el público, el verdadero beneficiado, no solo tiene más para elegir: también sabe que, detrás de la puerta abierta hace unos años por Buena Vista Social Club , hay propuestas de calidad, melómanos que aman su trabajo y una ventana sonora abierta a la mejor música que hoy se hace aquí y en el resto del mundo.












